Blog de soporte a la docencia de la asignatura Lengua y Literatura y su didáctica II, del curso 2011-2012 de la Universidad de Alicante (España)
jueves, 10 de noviembre de 2011
Las caras del Otro yo. Creación de Historias
Las etiquetas de esta entrada son "Caras" y "Creación de Historias".
Aquí os dejo la mía:
Según la clase puede ser una araña, un lago, una paella, una taza de café vista desde arriba...A partir de los elementos debéis crear la historia por grupos de 5-6 personas, relacionando vuestros personajes con los "elementos" que veis en la cara.
Luego el grupo deberá elegir el título de la historia. Esto lo veremos en la próxima clase.
Ejemplo:
"Como buen adicto al café, One se relame delante de una taza caliente. Sin embargo, esta vez encuentra unas figuras extrañas... ¿un mensaje? No entendía bien lo que quería decir. ¿Sejo?, ¿jeso? ¿es? ¿Sojéssss?... mil palabras le baliaban ante los bigotes...
De repente, alguien golpeo la Aldaba bruscamente... Quizá alguien me busca para dar un paseo...
Continuará...
jueves, 20 de octubre de 2011
Mi otro Yo
Siempre se ha dicho que todas las personas tienen una luz interior, es decir, ese alter ego donde está nuestro subconsciente, nuestros miedos, virtudes, etc. Pues esa soy YO. Esa pequeña lucecita interior que hace que las personas sean únicas. ¡Ale, ya lo he dicho!

domingo, 16 de octubre de 2011
Mi otro yo: ''El vecino de la semana''

Desde siempre había soñado con ser periodista, recorrer el mundo entero en busca de los mejores reportajes para poder mostrárselos a los demás. Pero hacía ya 2 años que había terminado la carrera de periodismo y de momento, a mis 25 años, solamente había conseguido trabajar en el periódico que salía semanalmente en mi barrio. No es que no me gustara, pero mis sueños iban más allá de escribir una pequeña columna en mi sección ‘’el vecino de la semana’’. El trabajo era bastante aburrido, de lunes a viernes iba a la redacción pero la verdad es que no tenía mucho que hacer. Sin embargo, los viernes siempre tenía visitas de varios vecinos. Siempre intentaban persuadirme con alguna historia o echando pestes sobre algún vecino con la intención de ver su nombre en mi sección.
Este viernes no habíamos abierto todavía y ya estaba en la puerta Vicenta, la panadera, me contó que había estado haciendo pastelitos para los niños del orfanato del barrio, pero que le habían sobrado y era una pena tirarlos, así que me los trajo para que desayunáramos en condiciones un día por lo menos, que ya estaba cansada de vernos siempre en la cafetería del viejo pepe, con su poca amabilidad, educación e higiene. Y dicho esto se marchó. No quise decirle que en nuestro barrio no había ningún orfanato, porque pensé que si descubría su mentira a lo mejor se enfadaba y se llevaba los dulces, y tenían tan buena pinta...
También vino a verme la señora Gladis. Esta señora está jubilada y se dedica básicamente a cotillear, chismorrear, alcahuetear, husmear, cotorrear y si se os ocurre cualquier otro sinónimo... ¡Pues eso también lo hace! La verdad que es una mujer extraña, viene algunos viernes, se sienta, me da un regalo (que va desde una planta de aloe vera hasta un bolígrafo de publicidad) y me trae una libretita con todos los cotilleos que ha podido recoger. Luego estamos discutiendo un poco sobre sus informaciones y se marcha. Lo curioso de la señora Gladis es que cuando lee el periódico y se da cuenta de que no la he nombrado vecina de la semana por su ardua labor ¡Viene corriendo a la redacción para que le devuelva su regalo! Y sí, le tuve que devolver su boli semi-mordisqueado (¿Cómo lo hará sin dientes?) de "La Panadería de Vicenta", porque se sentía humillada y ultrajada por mi comportamiento. Normalmente tarda un par de meses en volver, pero desde que se murió la Paquita, su mejor amiga, sus perdones tardan menos en llegar, unas dos o tres semanas, creo que se siente un poco sola, que pena. Y Siempre, siempre, aparece Antonio el pescador, ese tipo es un fijo de los viernes, siempre viene sobre la misma hora y me dice "yo soy lo mejor que tiene este barrio, buenos días ¿Qué tal?" Antonio siempre ha sido muy directo como podéis observar, eso sumado a que no es un lumbreras precisamente, hace de él un tipo espontáneo y carente de tacto. Yo siempre le digo que muy bien y que espero que no me haya traído otro calamar como todos los viernes, que ya le he dicho por activa y por pasiva que no me gustan los calamares. "¡Hala! ¡Se ma güelto a olvidar! pos otra semana sin salir en el periódico... pero a... ¡Ahora que ya lo traido te lo quedas!" y como todos los viernes abre su nevera portátil, y me tira un calamar SIN BOLSA encima de la mesa y se va, seguramente pensando que la semana que viene acertará trayendo un pescado de mi gusto y yo quedare tan complacido como para nombrarlo vecino de la semana.
¿Y sabéis lo que he hecho? He presentado mi dimisión de este periodicucho de tres al cuarto, y de la manera más original que se me pudo ocurrir: El vecino de esta semana... ¡SOY YO! por vuestras continuas historietas inventadas, por los regalos que sólo buscaban chantajearme, por las críticas que hacéis en contra de vuestros vecinos para perjudicarles en la carrera por el ansiado título de vecino de la semana, por vuestros enfados cada semana cuando no salís elegidos y porque yo valgo mucho más que todo esto, os digo adiós. Hasta nunca.
martes, 11 de octubre de 2011
El otro yo. Paseos.

Justo hoy hace treinta años de mi existencia en este mundo y aún sigo recordando aquellos interminables paseos. Paseos que tú y yo dábamos cuando llegaba la aurora.
Otro día más nace en Guayaquil, mi tierra, y vuelve ese sentimiento que intentaba olvidar.
Y es cuando tu mano, me rozaba, me tocaba, mi piel se aderezaba, se encendía.
Y es entonces cuando la musa, que está en mí, canta, me toma, y me arrebata la razón de tus labios.
Y en ese recuerdo del paseo, cuando empieza a llegar la aurora, cargada de aromas...
Aromas a hierba luisa que se entremezclaban por las calles.
Y en un abrazo, te sentía, te intentaba, te apretaba, erás mía, siempre, entera, perfecta.
Y es cuando la musa se retuerce y canta:
un, dos, tres.
Nadie como tú ha sido capaz de provocarme,
amarme, excitarme, tentarme, avivarme...
y aún sigo sin comprender si era una ilusión o simplemente un esbozo de mi humilde profesión. Ilusionista, ilusión, ilusionado.
Un, dos, tres...
el mundo para, no gira, se estanca.
Y al final del camino alzábamos nuestra mirada y veíamos el atardecer con colores anaranjados, rosados...
como aquel armadillo que tanto te hacía sonreír.
Colores que se difuminaban en nuestras pupilas porque al coger aire para seguir era respirar la complejidad de los viejos recuerdos. Porque la sinceridad nace y empieza con uno mismo.
Un, dos, tres,
y el paseo acaba...
El Otro Yo. Deborah López Ortiz

Desde muy pequeña he sentido curiosidad por conocer la flora y fauna que me rodeaban. En Asturias, mi tierra natal, he disfrutado observando caballos, ciervos, jabalís, nutrias, zorros, jinetas, ardillas, topos,…. y así mi curiosidad iba aumentando pensando en todo lo qué ahí fuera podría encontrar.
Pasaba la mayor parte de mi tiempo libre intentando descubrir nuevos parajes, libros interesantes, enciclopedias, documentales,… pero lo que más me gustaba y todavía hoy me sigue gustando es visitar la cínica veterinaria dónde trabaja mi madre. Allí podía ayudarle (siempre dentro de un límite) y aprender y disfrutar un poco más de los animales.
Todavía hoy recuerdo la ocasión en la que pedí a mi madre tener una ardilla para cuidarla. Mi madre cariñosamente me explicó que “como amantes de la naturaleza y de los seres vivos, no debemos privar a un animal de su hábitat natural”, “ningún animal debería ser enjaulado”. Las palabras de mi madre hicieron mella en mí, ya no solo me gustaban los animales, ahora también me preocupaba qué tipo de trato les estábamos dando.
Cuando tuve edad suficiente pedí permiso en casa para trabajar en el Zoo, así puede estar en contacto directo con el trabajo que allí se realiza y la relación que existe entre estos animales y sus cuidadores. En mis descansos junto a la Dracaena, mi sitio favorito, mi mente seguía divagando con las maravillas del mundo y cuántas de ellas aun me quedaban por conocer.
A mis 21 años tenía claro que quería conocer mundo y maleta en mano partí del que hasta entonces había sido mi hogar.
Incluir las presentaciones en clase
Después de la exposición en clase de vuestras Unidades didácticas, tenéis que incrustarlas al blog. Para hacerlo tenéis que hacer lo siguiente:
1. Subid la presentación a un repositorio: slideshare.net o scribd.co. Cuando la tengáis os ofrecerá un código para "embed" o "incrustar".
2. Empezáis una entrada normal, pero a la hora de redactar, lo tenéis que hacer en formato HTML (rectángulo superior). Pegamos el código "embed" de la otra página y escribimos normalmente. Así ya tenéis vuestra presentación en la red.
3. Os dejo como ejemplo la presentación del "Mi otro yo". ¡Ánimo!
Las Historias Del Otro Yo2009
lunes, 10 de octubre de 2011
¿Querrías ser mi amigo?
Paso el día leyendo, escuchando música y cuidando mi pequeño jardín donde cultivo distintos tipos de plantas, entre otras mi preferida: el Lilium (también conocida como azucena).
Soy yo quien ha decidido vivir con el mínimo contacto con la gente y cuando éste es imprescindible procuro que las relaciones sean momentáneas.
¿Por qué? os preguntaréis. Pues por un pequeño problema que tengo. Parece ser que doy mala suerte.
Sí; a todo aquél que está durante algún tiempo cerca de mí le empiezan a ocurrir infortunios a cuál más desagradable.
No fui capaz de reconocer esto hasta hace pocos años. Al principio no relacionaba mi presencia con estos acontecimientos desafortunados. Pero un día me paré a pensar y me di cuenta de que posiblemente generaba alguna influencia negativa.
Comencé a recordar algunas cosas de mi infancia. Por ejemplo en el colegio, cuando jugaba con mis compañeros se caían al suelo y se hacían mucho daño. Uno de ellos se rompió un brazo jugando a fútbol conmigo ¡y yo no le empujé!
Recuerdo también que muchos vecinos ya me señalaban por la calle y decían “lagarto, lagarto”. Yo no entendía qué querían decir con eso hasta que un día alguien me explicó que las personas supersticiosas dicen esa expresión para ahuyentar la mala suerte. Tantas veces me dijeron lagarto que este animal se ha convertido en mi preferido.
Durante mi adolescencia perdí a mis padres en un accidente, y a mis amigos les pasaban siempre cosas horribles: si estudiaban conmigo un examen suspendían; si nos íbamos juntos a la playa, llovía; siempre todos acababan diciéndome lo desgraciados que eran cuando estaban cerca de mí…Finalmente para intentar que mi mala suerte no se le contagiara a mis seres queridos decidí no tener seres queridos.
Si salgo de mi casa y me reúno con más personas es porque tengo que trabajar para ganar dinero. Conseguí ser el pinchadiscos del club social para personas de la tercera edad de uno de los barrios de Granada (el más alejado de mi zona, no quiero ver a esas personas cuando vaya a comprar). Como estoy apartado en mi cabina no tengo apenas contacto con ellos por lo que les evito sucesos desagradables.
En muchas ocasiones echo de menos tener amigos o gente con la que hablar; entonces pienso que quizá eso de la mala suerte se ha ido y ya soy una persona normal. Pero cuando comienzo a llevarme bien con alguien enseguida le ocurre algo malo, lo que confirma que esto es para siempre ¿Qué habré hecho yo para tener esta mala suerte?
Ahora tengo la esperanza de que con las nuevas tecnologías sí podré comunicarme con otros. Por eso he contado mi historia en este blog, para ver si alguno de vosotros quiere mantener contacto conmigo desde la distancia. Estoy seguro de que la mala suerte la trae mi presencia física, no la virtual. De todos modos, creo que lo comprobaremos pronto…un saludo a todos.
El Otro yo, Noelia Serrano
Fue llegar , y me quedé fascinado con la gran cantidad de coches que había, cada uno de una clase, desde un Lafayette del año 1920 hasta un Austin Mini Clubman del año 1960, cada uno de ellos eran peculiares y diferentes del resto, lo que hacía que todavía fueran más especiales.
A partir de ese día, y con tan solo siete años, descubrí que mi única ilusión en la vida era ser mecánico, quería saber todo aquello que tuviera que ver con el mundo del motor, conocer todos los coches que existían y soñaba con volver a poner en marcha aquellos vehículos que un día dejaron de funcionar.
Poco a poco, fui perdiendo el interés por los estudios, por salir con los amigos, por ver la tele o incluso, por pasar un rato con mis padres. Solamente me importaban los coches, solo eso; lo demás para mí, era secundario.
Esta obsesión, ha tenido una gran repercusión en mi vida; a mis 56 años, me siento solo, muy solo. Me centré durante muchos años en mi pasión, olvidando otros aspectos de la vida, que ahora pienso que son mucho más importantes, como tener a alguien a tu lado que te haga feliz y poder formar una familia. Pero, sobre todo, me gustaría tener unos hijos a quienes enseñarles a no cometer los errores que en su día cometí.
En mis días tristes, me alejo con mi caballo a otro lugar, reflexiono recostado en un árbol acerca de mi vida. Tras largas horas de reflexión, me he dado cuenta de que es demasiado tarde para volver atrás, que el tiempo ya ha pasado, que la vida son dos días y estos hay que vivirlos intensamente rodeado de gente que te haga feliz.
domingo, 9 de octubre de 2011
El Otro yo. Recuerdos.

Sentado en un banco esperaba una pareja de compradores de uno de mis tantos pisos vacíos. Estaba desesperado, a mis 40 años estaba prácticamente arruinado, con una ex mujer "chupasangre" y un hijo que apenas veía.
sábado, 8 de octubre de 2011
Mi otro yo
Mi Otro yo: Arístide Garcés
Era otra época, otra manera de ver las cosas, pero esa justificación nunca le pareció suficiente. Jamás llegó a comprender por qué cuando le detectaron ese problema en el corazón que le impediría realizar cualquier esfuerzo físico, y en consecuencia tener hijos, inmediatamente él, sin más, se marchó. Creyó que la felicidad era demasiado arriesgada, y se resignó a pasar su vida sola.
Nadie como Arístide Garcés sabía lo que era echar de menos algo que nunca sucedió. Siempre en la sombra, siempre mirando con celos a los demás. De su niñez recordaba pocas cosas, pero sí se acordaba de su padre diciéndole que debía ser justa con la gente si quería ser tratada con justicia. Durante la mayor parte de su juventud trató de seguir ese consejo a rajatabla y, de repente, un día, al poco que él se marchara, se dio cuenta que nadie, nunca, había sido justo con ella. Nunca. Nadie. Y sintió cómo un veneno agrio y amarillo como la bilis le fue llenando las tripas y el corazón.
Y ahora, ahora que ya a duras penas quedaba tiempo para nada, Arístide Garcés cayó en la cuenta de que, tal vez, la felicidad nunca fue tan cara, o que igual tenía el mismo precio para todos. Ahora…

Me llamo Lucilda y tengo 22 años.Vivo en una casita de árbol a las afueras de Teruel.
Me considero una persona solitaria y peculiar ya que mi vida no ha sido muy fácil. Cuando era pequeñita me abandonaron en el bosque, el cual ha sido mi hogar hasta entonces.
No tengo amigos y nadie sabe que existo,excepto los animales que viven a mi alrededor los cuales considero mi única familia. He sobrevivido con muy pocos recursos, y es por eso que valoro tanto las cosas como por ejemplo que salga un día soleado o estar tumbada horas y horas en la hierba mojada.
Últimamente, me siento un poco sola ya que necesito relacionarme con gente de mi especie, conversar, reír, contar mis problemas, en pocas palabras, comunicarme con los demás, disfrutar de los otros.
Desde hace unos días, estoy observando desde mi casita a un grupo de jóvenes pasear por los alrededores, se les ve alegres y felices y me encantaría poder acercarme a ellos, pero no se cómo. ¿Me podéis ayudar?
jueves, 6 de octubre de 2011
El otro yo, Estefanía Iñesta Pérez

Con que poquito iba y que poquitas personas lo sabían. Fui divagando, fui imaginando, fui entornando los ojos y de repente todo cambió. El lugar dónde me encontraba dejó de ser Almería, a la que tantos años había querido y de la que nunca había salido. Mi ropa no era la de una lavandera y mis piernas no sumaban 32 años entre las dos. Solo recuerdo que corría colina arriba y caía colina abajo, asustada por temer ser devorada por un león. De repente ese particular y fresco aroma a hierbabuena percibí, haciéndome sentir que podía estar tranquila porque él estaba allí. Él, al qué hacía unos años deje de ver pero quién, cada noche, abría firmemente la puerta de mi mente y se colaba en mis sueños. Entonces desperté, sin lograr contemplar su rostro por un segundo o solo unas décimas poderlo ver. Recuerdo esta noche y quizás sea nostalgia, añoranza, tal vez morriña o simplemente sea que todavía hoy, 32 años más tarde, cada vez que mi rostro cae sobre la almohada y mis ojos se empiezan a entornar, siento su particular y fresco aroma, abro los ojos y ahí está, tumbado a mi lado en la cama de mi sueño, haciéndome sentir, solo con su presencia, no tener ninguna de las ausencias en mi vida al despertar. Con que poquito iba y que poquitas personas lo sabían.
Mi otro yo.
La primera imagen que tengo en mi memoria, es la de un gran cilindro de plástico con punta de metal, al que creo que llaman bolígrafo, acercándose a mí y acariciándome el pelo. Creo que se aburría, y por eso me lo tocaba tanto.
No recuerdo que nadie me dijera como me llamo, así que supongo que yo no tengo de eso.
Al principio no entendía lo que pasaba, yo estaba ahí, mirándola, y ella me miraba a mí, pero no conseguíamos decirnos nada. Hasta que comprendí, que yo en realidad no existía. ¡Tranquilos! Os lo voy a explicar, no soy una persona de carne y hueso, pero me parezco a una y no siempre tengo el mismo aspecto pero casi siempre soy mujer. Conclusión, soy lo que vosotros llamáis un dibujo, un alter ego de dos dimensiones.
En cuanto a mí, deciros que tengo una vida muy ajetreada, suelo visitar mucho la universidad, me gusta ver y escuchar las clases desde las hojas arrugadas de los apuntes de magisterio y ni os imagináis la de cosas que puedes descubrir cuando viajas en una servilleta de papel. Por lo demás, no tengo mal genio, ni me suelo quejar, básicamente no digo nada de nada, aunque no puedo evitar pensar, lo bonito que sería tener compañía. Aún estoy pensando, cómo puedo comunicar este deseo, a lo mejor con un bocadillo…
El Otro yo. Susan
Tengo 35 años y creo que me he pasado más de media vida estudiando algo que ni siquiera hoy sé si es mi gran devoción. Medicina, algo que de pequeña me fascinaba pero que hoy en día me amarga y ocupa la mayor parte de mi tiempo.
Soy pediatra, terminé la carrera en Bilbao aunque soy de origen de andaluz, sí, pensaréis que estoy totalmente loca, de mi Granada querida a Bilbao, pero me encantan los retos, los misterios y la pasión por lo siniestro. Aquí vivo ya más de diez años y creo que moriré en tierras vascas.
Una de mis pasiones es fumar, me encanta, todos mis compañeros del hospital me dicen que estoy totalmente enganchada y que no llegaré muy lejos pero me da igual, la vida dure lo que dure quiero vivirla a mi manera.
Estoy soltera y no creo que me case nunca porque mis dos grandes fobias son los hombres y los elefantes, sí, suena raro, pero es así, los detesto, aunque creo que viviría antes con un elefante que con un hombre.
En definitiva, la gente dice que soy “rara”, “extraña”, pero eso es lo que ellos piensan, yo no opino igual y sí, reconozco que tengo mis manías, me encanta pasar la mayoría de las tardes cuidando mis queridos cactus, los cuáles colecciono y tengo decorada toda mi casa, me apasiona la música que nadie pueda escuchar y me encanta saltarme las normas, porque pienso que para eso están, para saltárselas.
miércoles, 5 de octubre de 2011
El Otro yo - Eloy Lillo

Hola a todos. Seguramente la mayoría de vosotros ya me haya visto alguna vez, pues vosotros los humanos me habéis convertido en una especie de ídolo o semidios en el mundo del cine.
Por cierto, no me he presentado. Mi verdadero nombre es Emeraldo, aparento unos 25 años (aunque realmente tengo menos) y mi trabajo desde hace unos años es el de actor. Y digo desde hace unos años porque no siempre he sido actor. De hecho, no siempre he sido humano.
Aún recuerdo aquel verano de 2004. El lugar, la Universidad de Alicante. Más concretamente, el laboratorio subterráneo que hay bajo la facultad de educación. Vine desde EEUU en mi forma de hurón, la original, para formar parte de un experimento financiado por el gobierno español (sí, soy el culpable de la crisis, pues este proyecto costó muchísimos millones) que consistía en convertir animales en personas.
Aparentemente, parece que el experimento resultó un éxito: mujeres, dinero, fama, Hollywood, fans, más dinero… Pero nada más lejos de la realidad. Cada día, rezo por volver a mi forma original, porque las ganas que tengo a todas horas de comer geranios me vuelve loco. Además, que tengo que comerlos en secreto o toda mi carrera se iría al garete.
¡No se lo contéis a nadie!
El Otro yo, Aidan. Cristina Ramírez Martínez

Cuando yo bajaba al jardín por las mañanas a echarles de comer a los koi del estanque, Aidan ya estaba allí, cuidando de las magnolias y las orquídeas, con sus inmensos ojos azules desprendiendo sabiduría, siempre me recordarían a alguien a quien conocí hace tiempo.
De joven había sido agricultor en Murcia, donde su familia se trasladó desde Irlanda cuando era adolescente, Aidan decía que su nombre era el de un santo irlandés del siglo VII y todavía tenía cierto acento. Se conservaba bastante bien para sus 57 años, siempre decía que su horóscopo chino era el tigre, por eso amaba la naturaleza y que de ahí provenía su fortaleza. Me contaba historias y leyendas preciosas como esta:
“Un día tres inseparables amigos se preguntaron que ocurriría si un día dejaban de verse, como podrían volver a encontrarse, uno de ellos llamado Agua dijo, si un día dejáis de saber de mí buscadme en la belleza de la naturaleza, donde hayan plantas allí estaré, os lo aseguro. El Fuego, que era el siguiente, dijo que en el momento que se juntasen mucho humo y temperaturas elevadas, él sería el causante así que estaría presente. Por último, la Confianza dijo:
- a mí si me perdéis, dudo que volváis a encontrarme-”
La confianza es algo que tarda años en ganarse y se pierde en un segundo me contaba, que razón tenía. Me decía Eme la vida es algo más que trabajar, lucha, sonríe, no pienses en pasado sueña tu presente. Y eso hice. Todos tenemos un Aidan en nuestra vida solo tenemos que pararnos a escuchar con atención.
(Quiero dedicar esto a tres diamantes que tenía a mi lado y no me había dado cuenta porque estaba demasiado entretenida coleccionando piedras. Siempre hay Cuatro estaciones).
El Otro yo. Sao.
Me desperté porque me ahogaba… ¡y menos mal que me desperté! No podía moverme, algo me lo impedía, una sustancia que me envolvía y llegaba hasta donde mis ojos alcanzaban. Tenía que reaccionar, rápido… Tal vez la nueva antropoforma funcionara. Y así fue. Me hice mucho más grande y mi nueva estructura me permitió nadar y alcanzar tierra firme rápidamente. Al parecer, los cálculos habían vuelto a fallar…
Me llamo Sao y estoy aquí para observar a los humanos. Mi misión es realizar un informe sobre si se debe destruir o no este planeta, cuya degradación está afectando al resto del Universo. Sé que otros también han sido enviados a la Tierra con el mismo objetivo, pero desconozco su identidad y paradero. He elegido la isla de El Hierro para vivir porque su ubicación es ideal para comunicarme con los míos y porque contiene los nutrientes que necesito, una combinación de potasio, fósforo, calcio, hierro, cobalto, aluminio y manganeso, en un árbol llamado Sauce que abunda en esta isla. Mi edad terrestre son 20 años y fingiré que estudio Magisterio para ser profesora. Tendré que alojarme en un edificio de ladrillo y cemento muy desagradable, lleno de luz y ventanas, que me produce agorafobia.
Mi verdadera forma es parecida a lo que en la tierra se llama “mosquito, pero para relacionarme con los humanos usaré este extraño cuerpo. Mide ciento sesenta y tres centímetros y está recubierto de una piel de color marrón claro. En algunas partes tiene pelo negro, sobe todo en la cabeza, donde es asimétrico y corto. Llevo unas gafas grandes que me recuerdan a mis preciosos ojos mosquito pero mi nariz, aunque puntiaguda, es demasiado pequeña para mi gusto. Tengo dos brazos y dos piernas largas y delgadas pero no tengo alas. Lo peor de este cuerpo, sin embargo, es que lo tengo que vestir con incómodas telas que no me dejan moverme.
Ahora debo empezar a relacionarme con los humanos.








